Un cactus que ganó su identidad para reconquistar el monte

Una loma conocida como El Palenque recibe 51 individuos de Leptocereus scopulophilus, cactus exclusivo de Cuba con apariencia de güije fabuloso. Dos nuevos robles reales les dan la bienvenida.

 

Fecha: 4/10/2019

 

Proyecto: Conservación de especies amenazadas de zonas áridas de Cuba.

 

Leptocereus scopulophilus nació con ese nombre para la ciencia en 1993, setenta años después de que fuera recolectado por primera vez en Loma de Somorrostro, una cantera ya abandonada en San José de las Lajas (ciudad al sur de La Habana). Desde aquel entonces lo confundieron con un pariente: Leptocereus leonii. Ambos cactus se asemejan en el porte, aunque sus flores y frutos son completamente distintos.

 

Hoy se ha hecho inconfundible. De hecho, pasó de ser una especie muy poco conocida a ser el cactus cubano que posee la mayor cantidad de estudios sobre su ecología. Esto, gracias a que en 2005, por medio de Vladimir Gámez, amigo y amante de estas plantas, fue relocalizada la especie en las faldas del Pan de Matanzas, todo un laboratorio a cielo abierto.

Leptocereus scopulophilus es la especie de cactus cubano con mayor cantidad de estudios sobre su ecología.

Sabemos que un pequeño murciélago y dos especies de polillas nocturnas polinizan sus flores. Que la jutía conga es el roedor que dispersa sus semillas. Y, sobre todo, cuántos individuos quedan aún en estado natural. Toda esta información nos ha permitido entender el papel de la especie dentro del ecosistema y sus reducidas posibilidades de sobrevivir por sí misma.

«Aunque cuenta con una población de unos 900 individuos en el Pan de Matanzas ―la mitad adultos― y otra con 11 en Puerto Escondido, Leptocereus scopulophilus vive al borde del abismo. Además de ser uno de los cactus más amenazado de Cuba, ambas poblaciones son únicas y están, literalmente, en un acantilado.»

Duniel Barrios

Líder del proyecto

Investigador del Jardín Botánico Nacional

Dado que un solo evento nocivo (incendio, huracán…) puede reducirlas drásticamente, decidimos explorar otros sitios cercanos para introducirlo y así aumentar la probabilidad de supervivencia de este cactus.

Un palenque para Leptocereus scopulophilus

Con vistas a plantarlos en otra localidad, el año pasado recolectamos en el Pan de Matanzas 150 esquejes (tallos) de diferentes individuos. De ellos, solo 51 sobrevivieron en nuestros viveros. Fueron estos los «tipos duros» que llevamos a El Palenque. Esta elevación, que alcanza los 300 metros sobre el nivel del mar, toma su nombre de los asentamientos que fundaban los esclavos africanos tras huir al monte.

La siembra de cactus en El Palenque tiene dificultades por el sustrato rocoso.

El Palenque se levanta como un coloso de piedra junto al Pan de Matanzas. En él se han cuantificado 95 especies de plantas, pero el estimado real debe alcanzar las 300. A su vez, como parte de las sierras de roca caliza del occidente, constituye un importante refugio de la flora que conforma el bosque seco cubano, el más afectado por la agricultura y la ganadería a lo largo de siglos.

La conservación no es cosa simple

Una tarde y una madrugada lluviosas fueron el preludio de la expedición. Para transportar individuos obtenidos a partir de esquejes, las bolsas deben colocarse con mucho mayor cuidado en las cajas, pues al poseer cualidades de individuos adultos, con espinas muy largas, pueden dañarse fácilmente.

José Ángel y Adriham fueron dos de los protagonistas de esta acción de conservación.

Sandy conoce bien el Leptocereus scopulophilus pues lleva trabajando más de 3 años en la zona.

El acceso al sitio más conveniente para la siembra está en la propiedad de Adel, un campesino que vive justo al pie del cerro. Él accedió gustosamente a conducirnos hasta donde empieza a elevarse el terreno. Como la vegetación en la base del Palenque es muy tupida, es complicado atravesarla cargando las cajas. Luego la dificultad se incrementa, pues el suelo es de pura roca y no hay nada a qué aferrarse en la escalada.  

Sembrar también tiene sus rigores, por el poco sustrato propio de este ecosistema rocoso. Pero después de andar unos 30 minutos loma arriba encontramos un sitio que nos pareció apropiado por la presencia de magueyes que también son plantas de lugares secos y árboles deciduos (que pierden sus hojas en la época seca y dejan pasar la luz). Así que pusimos manos a la obra.

Un encuentro inesperado

Afortunadamente, el día no solo fue bueno por la siembra de 51 nuevos Leptocereus scopulophilus, sino que justo donde decidimos sembrarlo encontramos dos individuos no reportados de Ekmanianthe longiflora (el tan buscado roble real) con flores y algunos frutos inmaduros. Pareciera que estos dos viven en pareja, porque buscamos en los alrededores para localizar otros, pero fue en vano.

Este encuentro amplía el número existente de individuos conocidos, y alimenta nuestra esperanza de que en el futuro el roble real, como Leptocereus scopulophilus, pase de ser un desconocido a ser el roble cubano más conocido por todos.

Encontrar dos individuos de roble real (Ekmanianthe longiflora) fue una suerte.

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