Robles entre tazas de café

Un proyecto de Planta! en las montañas del centro de Cuba devuelve la esperanza a varias especies de árboles raros. Ernesto nos cuenta el viaje de regreso de dos especies valiosas de árboles al centro de la isla. Piño, estelar recolector de semillas, es un héroe de ese renacer.

 

Fecha: 11/09/2019

 

Proyecto: Conservación de especies de montaña amenazadas.

 

Las montañas de la cordillera de Guamuhaya en la provincia de Cienfuegos atesoran una gran diversidad de plantas, algunas exclusivas de estas serranías. Hasta allí llego con mi colega de aventuras, Eldis y Julio, especialista del Jardín Botánico de Cienfuegos, que siempre es el mejor guía para una expedición al carso de Buenos Aires. En la base de estas lomas cársicas con nombre que suena a tango vive su madre. Él se conoce este lomerío desde su infancia, camina con destreza por el intrincado monte y sabe dónde ubicar cada planta interesante. El propósito de nuestro viaje al Carso de Buenos Aires era reintroducir una de esas especies amenazadas que nos quitan el sueño. Las pesadas cajas con las plantas que íbamos a sembrar descansaron en el portal, para que pudiéramos disfrutar de un excelente café, fuerte y recién colado, ideal si de escalar se trata.

 

Aprovechamos la ayuda de vecinos y amigos de Julio para cargar loma arriba las 12 cajas, cada una con 16 bolsas de vivero. Canelo, un perro sato, subió con nosotros hasta que debimos saltar un pequeño barranco. Al ver el precipicio, el animal, que hasta ese punto parecía aventurero, prefirió regresar a buen resguardo.

Julio y Eldis fueron mis aliados en esta difícil tarea de conservación.

El suelo del carso es de piedras filosas de gran tamaño, que al menor descuido pueden herirlo a uno. Sobre ellas llueve gran parte del año, así que nos acompaña una alta humedad. Abrir huecos para sembrar en este terreno es obra complicada. Por suerte en las mismas rocas hay oquedades con tierra que nos permitieron adelantar el trabajo. En total, sembramos 190 plántulas de Tabebuia sauvallei, un roble amenazado exclusivo de Guamuhaya.

Luego subimos a donde están los árboles adultos de la especie. Esta colina de piedras casi sueltas es la zona más peligrosa. Tras subir a varios árboles que aparecieron, logramos recolectar frutos maduros, pero nunca tan rápido como lo haría Piño, de quien sabrán más adelante. El regreso loma abajo fue complicado, pero llevaba en mi mochila decenas de semillas nuevas, el futuro de nuestro trabajo.

Ernesto Testé es el protagonista de esta historia de conservación.

Topes de Collantes y los viveros

Al día siguiente salimos temprano para Topes de Collantes, bello paraje de gran valor científico por ser hogar de muchas especies endémicas de nuestra flora. Ahí monitoreamos el avance de los viveros construidos en casas de voluntarios del proyecto. En uno de ellos sembramos las semillas recolectadas en el carso de Buenos Aires. Con esto garantizamos más trabajo para el próximo año.

Al llegar, Norlys nuestra amiga y fiel colaboradora en esta localidad, nos informa que un campesino está solicitando posturas de sabina para su finca. Pero, ¿de dónde proviene el interés de los agricultores en sembrar estas especies? Hasta esa finca nos fuimos en busca de respuestas, pero no con las manos vacías. Llevamos varias posturas de Podocarpus angustifolius ―sabina en lenguaje local― especie de madera dura y olorosa, que se encuentra En Peligro Crítico de extinción. Allí nos cuentan que conocen del trabajo del proyecto, de Planta! y de todo lo que se ha logrado. Los resultados alcanzados incitan a que otros quieran dar su aporte. Es reconfortante.

«La experiencia previa del proyecto de conservación de magnolia ha sido vital para la vinculación de los pobladores a la conservación de otros árboles nativos de estas montañas»

Ernesto Testé

Jardín Botánico Nacional

Líder del proyecto de conservación de especies de montaña

Un héroe felino

Jorge Luis Moscoso, más conocido por “Piño”, es nuestra suerte de ídolo local. Él conoce el proyecto desde el inicio, pues trabajaba como técnico del área protegida cuando todo comenzó hace más de 10 años. Siempre fue la persona clave para el proceso de recolección de semillas para los viveros de Magnolia. Hoy, con casi 50 años, tiene su propia finca donde produce alimentos, pero no olvida su mayor pasión y se devela por atender el vivero de especies amenazadas. Junto con Norlys, siembra las semillas y las entrega convertidas en posturas a campesinos contagiados por esa misma pasión. Todas las semillas de magnolias que hemos recolectado en el proyecto se deben a su agilidad para escalar árboles, por eso le decimos “El Gato”.

Piño y Ernesto evalúan las semillas recolectadas.

Piño es el héroe de una famosa historia que no nos cansamos de contar. A la vuelta de una expedición agotadora, esperábamos por el reconfortante café de Norlys, Piño entre nosotros. Llevábamos algún tiempo tratando de solucionar una incógnita botánica. Un raro roble de flores rojas había sido reportado hacía muchos años para estas montañas. Exclusivo de las alturas de Guamuahaya la Tabebuia sauvallei no se podía identificar en el campo si no era por el color de sus flores, pues las hojas se asemejan mucho a otras especies emparentadas. Entonces es que alguien del grupo comenta que los robles están florecidos en esta época y que tal vez, aquel roble dudoso que corona el Pico Potrerillo ―a varios kilómetros de ahí y más de 900 metros de altura― debía estar florecido ya. En plena degustación de café vemos a Piño que viene por el camino del Pico con una rama de Tabebuia sauvallei entre las manos, llena de flores rojas. Su agilidad y perspicacia fue el inicio de un lindo proyecto de conservación que ya comienza a multiplicarse.

Mientras escribo este relato, de vuelta en La Habana, me conecto a las redes sociales. Una vecina de Topes de Collantes, me envía un mensaje que parece una coincidencia del destino: “Dice Piño que a él no le gusta el internet, pero que cuando quieras vuelvas por aquí a por un café recién tostado”. Así es la extensa familia de Planta!, unidos por la conservación.

El vivero de Piño es una joya para la conservación de los árboles de Topes de Collantes.

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