Noticias de nuestro abey en una revista tejana

Los amantes del abey (Abarema glauca) en Cuba ya tenemos una publicación científica de impacto. Un artículo en la conocida revista del Botanical Research Institute of Texas que resume el trabajo de muchas personas para conocer a fondo a esta especie.

 

Fecha: 31/08/2020

 

Proyecto: Programa de Capacitación: apoyando la conservación de especies de árboles amenazadas.

 

El abey es nativo de Cuba y La Española, familia del algarrobo y la dormidera (esa plantica que se contrae cuando la tocamos). Si a estos parientes introducidos les va de maravilla, el abey, que siempre estuvo en esta isla, hoy es vulnerable a la extinción. Y no sería justo para este árbol de hasta 15 metros de altura, flores muy gustadas por las abejas y vainas en forma de espiral con semillas azules y blancas. ¿Saben que por esos frutos en la República Dominicana a nuestro abey le llaman caracolí?

Para este proyecto fueron necesarias cuatro expediciones a Artemisa y Mayabeque.

Censando abeyes en el sur

La historia para llegar a esa revista empezó mucho antes. Hubo cuatro expediciones a las provincias de Artemisa y Mayabeque buscando abeyes. Esta región es la principal suministradora de agua y alimentos a la capital. Hacia el sur aún conserva bosques de ciénaga, herbazales de ciénaga, manglares y un poquito de bosque semideciduo, ese que fue prácticamente arrasado por la agricultura centenaria. Estos son hábitats de coloridos hongos, jutías e infinidad de aves.

Fue impresionante para mí ver que un bosque talado hace cuarenta años para sembrar viandas está hoy en pleno desarrollo tras abandonarse el cultivo. O el herbazal de ciénaga que, aunque le sembraron árboles, sigue ahí como muestra de cuán infructuoso es querer hacer un bosque de algo que no lo es. Este sur es un laboratorio a cielo abierto, un ejemplo extremo de resistencia y adaptación. Y quienes más lo conocen son sus pobladores, muchos de los cuales trabajan en brigadas forestales que hacen uso del ecosistema.

Los bosques al sur de La Habana son un laboratorio a cielo abierto, un ejemplo extremo de resistencia y adaptación.

Un árbol fuerte pero frágil

Los resultados del censo publicados corresponden a la provincia de Artemisa. Logramos conocer la distribución del abey, su densidad en los parches de bosque remanente y sus estrategias de crecimiento. El árbol, común para los indígenas que le dieron nombre, hoy está disperso en lo que queda después de 500 años de sobreexplotación. De los 109 individuos localizados, el 30% eran adultos y el 70% juveniles, la gran mayoría plántulas.

Un equipo de voluntarios de Planta! fueron los artífices de estas exploraciones en busca del abey.

Esta investigación arrojó la distribución del abey, su densidad y sus estrategias de crecimiento.

Esa relación nos hace temer por la capacidad de la especie para autosustentarse a largo plazo. Se da una fatal combinación entre la tala ilegal de abeyes adultos y el pisoteo de juveniles por quienes recorren el monte sin el debido cuidado. Adultos que al ser cortados dejarán de aportar semillas, juveniles que no llegarán a adultos productores de semillas. Un círculo vicioso fatal que podría llevar a la especie a extinguirse en esta zona.

El abey es un árbol de hasta 15 metros de altura familia del algarrobo y la dormidera.

Los forestales, nuestros mayores aliados

Uno de los resultados más importantes del estudio tiene que ver con su madera. Pudimos estimar la cantidad de «biomasa en pie» acumulada por la especie en comparación con la almendra de la India (Terminalia catappa), el árbol más utilizado por la Empresa Agro-Forestal Costa Sur, que gestiona estos bosques. Según nuestros cálculos, solo 33 adultos de abey acumulan tanta madera como 213 almendros. Además, respecto a la madera de almendra, la de abey tiene dos veces su densidad, por lo que supera a aquella en calidad. Claro, se necesita madera de crecimiento rápido, esa que la exótica almendra, para suerte del abey, provee.

«La alianza con los trabajadores forestales permitió que el abey fuera reconocido como objeto de conservación y se comenzaran a sembrar semillas en el vivero. Con ese punto de vista, la empresa forestal será la mejor aliada del abey para que cese la tala y se incrementen sus poblaciones»

Diana Rodríguez Cala

Líder del proyecto

Una publicación que recompensa a todos

Como la idea era que los resultados les sirvieran a la empresa forestal, decidimos que si la investigación se publicaba sería en español. La revista tejana lo propiciaba y luego, gentilmente, nos eximió de pago. Este es un reconocimiento para Rodrigo Fernández Moreno, especialista principal de la Empresa, ya que pocas veces halla tiempo para escribir todo lo que hace por los humedales del sur.

A cambio del artículo regalamos al instituto norteamericano el libro Lista Roja de la Flora de Cuba, gesto que el editor de la revista agradeció mucho. El abey, como se ve, es un árbol generoso.

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