
Festival del Monte: el semillero
por Sergio Hernández Rodríguez
Cada año, para celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente, Planta! invita a la familia cubana, en especial a lo más pequeños, a participar en el Festival del Monte.
Luego de cultivar por meses las plantas de Harpalyce macrocarpa para el reforzamiento de la población, al fin llegó el momento. Comandados por Enma, un equipo de voluntarios de Planta!, llegan a San Felipe con la ilusión habitual de este emocionante momento de la conservación de especies amenazadas.
Fecha: 30/03/2020
Crecí en el jardín de mi abuela rodeada de plantas. En mi familia todas las soluciones siguen estando en ellas: son ingredientes de cocina, remedios contra enfermedades y fuentes de placer espiritual. La comunidad rural de San Felipe es ahora mi jardín más extenso.
Harpalyce macrocarpa, la planta que estudio y defiendo, solo crece en sus alrededores. Hoy traemos 180 pequeñas posturas de esta especie, deseosas de enraizarse en el suelo rocoso. Pero no venimos al monte como siempre, sino a los patios y jardines de los sanfelipeños.
En San Felipe a Harpalyce macrocarpa además de «sangre de doncella» también le llaman «zapote». Curioso nombre, pues en la parte oriental de Cuba este designa a una fruta de sabor exquisito, nada más lejos de esta especie. En el pasado, el «zapote» le servía al pueblo por dos cosas: su madera durísima y para decir cuando florecía: «¡Qué linda se ve la sabana toda roja!». Luego la tala indiscriminada y el crecimiento del pueblo casi lograron que desapareciera, y pocos recordaban ya ese singular paisaje, nadie sabía que tal arbolito solo crecía allí.
Los sanfelipeños son, generalmente, campesinos muy agradables y dispuestos a colaborar, que han empezado a sentir orgullo por esa planta que identifica el pueblo. Esta vez su participación irá más allá de la simple ayuda: son ellos los que regarán las plantas hasta que se establezcan bien en este suelo difícil. El éxito depende de ellos.
Aquí se han perdido las barreras entre la naturaleza y la comunidad, por eso vemos los patios y jardines de San Felipe como la parte del monte más cercana a la gente. Ulises y Dania lo saben y acogen en su casa un vivero de plantas de la especie. Su ayuda fue vital para acceder a varias fincas con nuestro ofrecimiento, pues no conocemos a todos los pobladores del lugar y nadie mejor que ellos para convencerlos de adoptar un «zapote».
De manera natural, las semillas que dieron origen a estas plantas no hubiesen germinado en el pueblo. El «zapote» gusta de vivir cerca del río, pues requiere de alta humedad para desarrollarse. Aquí llueve poco y el cauce del río se ha perdido casi completamente. Así que todos los dueños se comprometieron a velar por el adecuado riego, hasta que las plantas tengan suficiente fuerza para sobrevivir con el régimen de lluvias que la naturaleza provee.
Cuando estábamos sembrando las primeras posturas, recibimos con mucha alegría la visita de dos exalumnos y voluntarios de Planta! Ellos se habían enterado de lo que íbamos a hacer y vinieron desde Florencia, en la provincia de Ciego de Ávila, para colaborar en lo que hiciera falta.
Los vecinos, absortos por su rutina diaria, al vernos con las bolsas no escatimaban en preguntas. Algunos no sabían qué plantas eran aquellas y al enterarse nos pedían que les regaláramos alguna. Entonces les explicábamos su valor y la manera de cuidarlas. Entre los curiosos también hubo pobladores de la cercana comunidad de Arroyo Blanco, con lo que vamos extendiendo la fama de nuestra «sangre de doncella».
«Desde que nos hicimos habituales recorriendo el prado y las orillas del río cercano, los sanfelipeños tienen con su «zapote» una relación que sobrepasa lo utilitario. Hoy ya lo reconocen como una joya de la flora de Cuba, exclusiva de esta localidad.»
Los patios de San Felipe son especiales, su suelo no es de tierra común sino de serpentina, hermosa roca de tonos grisáceos con vetas verdeazuladas. Aunque los pobladores hayan acogido desde antaño especies exóticas muy comunes en cualquier jardín cubano (porque a veces cuesta estimar lo propio), ahora casi todos poseen también uno o varios de estos raros «zapotes» con flores rojas como la «sangre de doncella». Hemos llegado de manera simple al corazón de los sanfelipeños. Conservar es, sobre todo, implicarlos.

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