
Andando por los caminos de la conservación activa
por Edgardo Díaz
Sobre los cenotes de la Ciénaga de Zapata, su primer viaje en barco y muchas experiencias de conservación de plantas, nos narra Edgardo en esta exploración por Cuba.
Armados de taladro, punzones y cinceles, voluntarios de Planta! al mando de Faife establecen una nueva colonia de Rhodogeron coronopifolius, rara especie de la flora cubana amante del río, y de la roca.
Fecha: 26/12/2019
Proyecto: Evaluación del estado de conservación y recuperación de Rhodogeron coronopifolius.
Un taladro eléctrico, martillos, cinceles, palas pequeñas y hasta punzones viajan en nuestras mochilas. Nadie pensaría que vamos a sembrar plantas ―menos una tan pequeña, húmeda y frágil― si no fuera por las cajas llenas de bolsas de tierra que cargamos kilómetros y kilómetros. Buscamos el sitio exacto del río Sagua La Grande para establecer una nueva subpoblación de Rhodogeron coronopifolius, especie exclusiva de estos parajes del centro de Cuba, cada vez menos extraña en ellos.
El lugar para la siembra fue elegido en una expedición exploratoria que hicimos hace pocos meses. Salimos al filo de las 7 de la mañana rememorando la aventura aquella. Otra vez tomamos el camino «del acueducto», que va de la ciudad de Santa Clara hasta Revacadero. Luego seguimos a pie por una vía más angosta muy próxima al cauce, hasta que a los 5 km esta se desvía y no queda otra alternativa que bajar al río y seguir por la orilla o metidos en el agua.
Las pesadas cajas plásticas hacen que a cada rato estés a punto de caer. Así que distribuimos las plantulas en bolsas para facilitar su transportación y compartir entre todos el peso. Al pasar por un recodo del río recordé El Playazo, sitio donde hicimos un reforzamiento poblacional de Rhodogeron coronopifolius. Allí hemos logrado una supervivencia de alrededor del 70% de los individuos plantados, algo que cuento a mis estudiantes con orgullo.
Relocalizar el microhábitat para la siembra no fue fácil entre resbalones y alguna que otra caída. Me preocupaba que no pudiéramos terminar a tiempo el trabajo planificado y hubiera que regresar otro día. Al filo de las 10 encontramos por fin el sitio, cerca del nacimiento del río Sagua La Grande, y nos pusimos en acción.
Con esos instrumentos punzantes y cortantes parecíamos a ratos, más que biólogos, picapedreros. Pero nada de intrusismo profesional. El taladro solo nos facilitó la apertura de orificios en la roca de serpentina. Como muchas plantas de la especie se establecen naturalmente en esas condiciones, los orificios permiten que sus largas raíces se adhieran mejor.
Algunos individuos fueron sembrados junto con otras pequeñas plantas que también se incrustan en el fango ―como las selaginellas, parientes de los helechos―, pues las raíces de estas últimas ayudan a Rhodogeron coronopifolius a retener el suelo y evitan que la corriente lo arrastre. Nuestro colega Ignacio, nos aventajó a todos como «jardinero»: las plantas sembradas por él parecían haber crecido ahí naturalmente.
En la expedición participaron 9 estudiantes de la carrera de Biología que fueron capacitados en los métodos de conservación. Aunque menos habituados a esta faena, su aporte fue tremendo. Tras 6 horas de trabajo continuo acabamos la siembra.
Miro la imagen frente a mí y emociona: una nueva colonia de 100 individuos de Rhodogeron coronopifolius obtenidos en mi patio. Ahora están en un verdadero río, bajo los árboles de un auténtico bosque de galería. Cada uno tiene una chapilla que lo identifica para poder monitorear su crecimiento. Todo por obra y gracia de… un ruidoso taladro eléctrico y el trabajo meticuloso de un motivado equipo de voluntarios de Planta!

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