
Sueños de un paisaje azul plata
por Edgardo Díaz
Edgardo viaja a una sabana del centro de Cuba donde un joven voluntario de Planta! estudia una población de Coccothrinax spirituana, la azulada palma endémica de esta región.
El proyecto de conservación de magnolias cubanas que comenzara en Topes de Collantes hace ya diez años apuesta hoy por proteger también estas especies en las alturas del oriente cubano. Majela y su equipo se aventuran en busca de Magnolia cristalensis una especie endémica de la región.
Fecha: 13/12/2019
Proyecto: Conservación de especies amenazadas de montaña.
El viaje parecía interminable, pero por fin veíamos el final del camino. Llegar desde La Habana hasta la Meseta de El Toldo en el oriente de Cuba duró casi 3 días e incluyó hasta ascenso en mulo por empinadas pendientes. Un objetivo nos había traído a 1 175 metros sobre el nivel del mar: encontrar y contar la cantidad de individuos de Magnolia cristalensis, una especie endémica y en peligro crítico de extinción. Saber cuántas plantas crecen aún en esta zona será importante para evaluar de manera precisa su riesgo de extinción.
Apenas llegamos montamos el campamento en un sitio conocido como Piloto 2 y para aprovechar la tarde comenzamos la búsqueda. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos el primer día de trabajo fue en vano. Esto no me sorprendió mucho ya que por las características del área parecía poco probable que Magnolia cristalensis estuviera allí. Algo que tampoco ayudaba era que ninguno habíamos visto esta especie en el campo, yo la conocía únicamente de materiales de herbario. Sin embargo, caminar por estos sitios increíbles y bien conservados, alimenta el espíritu y el alma.
Después de pensarlo un poco cabalgue en mulo hasta conseguir cobertura de móvil, tarea que en esos confines es casi tan difícil como localizar una magnolia. Luego de una hora retrocediendo por el camino pude comunicarme con Jorgelino Gámez, a quienes todos cariñosamente llaman Canelo y quién por encontrarse enfermo no pudo acompañarnos. Canelo tenía la respuesta a la ausencia de magnolias: habíamos acampado en el lugar equivocado. Los árboles habían sido vistos cercanos al campamento Piloto 1, a 4 km de Piloto 2, que era donde nos encontrábamos. Un pequeño error nos hizo establecernos en el lugar equivocado, ahora tocaba rectificar.
La mañana siguiente llegó más rápido de lo que esperábamos. Nos movimos hacia el campamento indicado por Canelo y comenzamos nuevamente la búsqueda. Fue una intensa jornada y luego de 5 horas de caminata llegó la mejor de las sorpresas: la primera magnolia. Apenas alcanzaba un metro y medio de altura, pero tenía unos frutos inconfundibles. La emoción nos desbordó a todos. Era la primera vez que veía una magnolia tan pequeña ya fructificada.
De ese punto en adelante solo se multiplicaron las alegrías. De una en una fueron apareciendo hasta las 46. Todas fueron marcadas, georreferenciadas y medidas; además colectamos material de las hojas que nos serviría para posteriores estudio genéticos y también material de herbario para la colección del Jardín Botánico Nacional.
Gabriel es estudiante de tercer año de Biología de la Universidad de La Habana y desde hace dos años es también voluntario de Planta! Le gusta la genética pero siempre confiesa que el trabajo de campo también lo atrapa, sin embargo, nunca había viajado tanto por Cuba como en esta ocasión. En su tesis de diploma, trataremos de desentrañar los secretos genéticos que ocultan las magnolias de Cuba para así poder trabajar en su conservación. Su primera vez de expedición ha sido a lo grande, desandando uno de los parajes más impresionantes de Cuba. Ahora ama la biología y la naturaleza como nunca antes.
Estudiante de tercer año de Licenciatura en Biología
Un trabajo agotador que resultó en la ubicación de 46 individuos de Magnolia cristalensis, pero estamos seguros de que son muchas más. Esto demuestra que el estado de la población de esta especie amenazada en este Parque Nacional es muy bueno. Son evidentes los resultados positivos del trabajo de conservación del área cuando se compara con otras poblaciones no protegidas de la especie. El Parque Nacional “Alejandro de Humboldt” sigue siendo un gran ejemplo.
El trabajo está terminado y los resultados son esperanzadores. Solo nos resta despedirnos de quienes han sido grandes aliados: los guardaparques del área. Agradecidos comenzamos la cuesta abajo que no se detendrá hasta La Habana. En nuestros corazones nos llevamos el cariño de los amigos que dejamos y en nuestra mente las imágenes, imborrables, de uno de los más bellos lugares de Cuba.

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