
Andando por los caminos de la conservación activa
por Edgardo Díaz
Sobre los cenotes de la Ciénaga de Zapata, su primer viaje en barco y muchas experiencias de conservación de plantas, nos narra Edgardo en esta exploración por Cuba.
La campaña para encontrar nuevos ejemplares del roble real (Ekmanianthe longiflora) empieza a dar sus frutos. Un feliz hallazgo en la Sierra del Grillo (al sureste de La Habana) confirma la efectividad de este esfuerzo que ha unido a especialistas y amantes de la flora cubana a todo lo largo del país.
Fecha: 02/05/2019
Ningún botánico es un ente aislado, iluminado por su propia luz. Por eso aspira a que su verdad sea completada o incluso rebatida. «Si el roble real fue común en el occidente cubano, aún podría estar en algún paraje poco explorado de esta larga isla. Solo hay que buscarlo entre todos». Fue así como en el mes de febrero de 2018, desde Planta! lanzamos una campaña nacional para encontrar al roble real.
Ese impulso ha conectado a especialistas y amantes de la naturaleza de diversas provincias, y ya empiezan a aparecer nuevos ejemplares. A las 7 plantas de presencia confirmada en el Pan de Matanzas, ahora se suma una en la localidad de Yarigua, reportada por un equipo del Jardín Botánico de Cienfuegos que se puso en contacto con nosotros. De las semillas de este individuo, sembradas en un vivero de dicha institución, se han obtenido plántulas que crecen en perfecto estado.
Animado yo también por este espíritu que ha contagiado a buena parte del país, recordé la Sierra del Grillo. Este es un lugar rocoso ideal para, desde la perspectiva de Ekmanianthe longiflora, esconderse de la tala. Obedecí a mi intuición y esta es la historia.
Nunca antes se había buscado al roble real en esta elevación, desapercibida para muchos en su tránsito hacia Matanzas por la Carretera Central. Su ecosistema es similar al del Pan de Matanzas: suelos de piedra grisácea y puntiaguda. Perteneciente a las Alturas de Bejucal-Madruga-Coliseo, al sureste de La Habana, la Sierra del Grillo posee valores paisajísticos asombrosos: paredones calizos, cuevas y miradores naturales que realzan la belleza del paisaje. Se estima que deben de habitarla entre 300 y 400 especies de plantas.
Yo no había podido explorar la zona antes porque no tenía contactos entre colegas o campesinos que me allanaran el camino. Pero Mayté Pernús (bióloga) , Karel Pérez y Héctor Díaz (estudiantes de Biología de la Universidad Pedagógica) unieron sus fuerzas a la mía, y con ellos todo fue posible. Karel, que es madrugueño, consiguió con las autoridades hasta alojamiento en el poblado de Madruga para los dos días que duró la expedición. Loma arriba fuimos con un equipo de primera.
El rastreo del primer día fue intenso. Revisamos casi 3 Km de sierra entre un espeso bosque que nos rebelaba una flora más que interesante, pero nada de lo que buscábamos. Sólo aparecían otros robles, también nativos, a los que jocosamente llamamos «plebeyos», con hojas similares a las del roble real, pero brillantes ― decididamente nuestro monarca es discreto.
Una hora antes de la puesta del sol comenzamos el retorno a la llanura. Y justo en un punto de la ruta de descenso, Karel me preguntó si Ekmanianthe longiflora no se parecía a ese delgado tronco al que estaba sujeto. Yo pensé que se trataba de un guao o una Plumeria, pues sus troncos son muy parecidos y comunes en la zona, pero al alzar la vista veo unas hojas con perfecta forma de mano y supe que era el roble real. Ese día llegamos al pueblo de noche, exhaustos pero eufóricos.
A la mañana siguiente buscamos otras plantas en los alrededores de ese individuo juvenil, y luego de una hora desandando apareció un ejemplar adulto de la especie, padre tal vez del otro. Le tomamos todas las medidas, pero no pudimos recolectar muestras para el herbario, pues las hojas estaban recién brotando y eran inalcanzables sin una vara. Fotos sí tiramos unas cuantas, ellas valen más que mil palabras.
«Encontrar al Roble Real en la Sierra del Grillo ha sido un aliento para el equipo y un símbolo de esperanza. Ahora seguimos con más energías en la búsqueda de esta joya de la flora cubana junto a los que se sumen a nuestro empeño».
Investigador, Jardín Botánico Nacional
Coordinador del proyecto para salvar el Roble Real
Con el hallazgo de la especie en esta nueva localidad, de la cual solo exploramos un 5%, sigue aumentando la variabilidad genética de nuestro banco de semillas y de los juveniles que obtendremos. Al estar adaptadas a ambientes diversos, podrán resistir más enfermedades y conquistar otros espacios.
Para un árbol que en 2015 fue evaluado como En Peligro Crítico ―máxima categoría antes de la extinción―, se inicia un nuevo capítulo en su historia. No veo muy lejos el día en que el roble real «baje» a dar sombra al parque de mi pueblo.

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